martes, agosto 31, 2010

Ciertamente

"El fútbol es dinámica de lo impensado"

(Dante Panzeri, periodista argentino)

sábado, julio 31, 2010

El peor de los finales

Ahí se lo ve a Diego Maradona, llegando al salón del hotel para hacer una conferencia de prensa sin preguntas. Rodeado de una multitud (de periodistas, familiares, secuaces, laderos... y también curiosos). Adoptando una posición de retaguardia, no yendo tan al frente y evitando exabruptos. Su suerte está sellada: sabe que lo echaron, por más que el capataz máximo del circo bajara la orden de que la dimisión se debió a una decisión unánime.

Patrañas.

En las oficinas de la calle Viamonte, Julio Grondona lo controla todo. Está a la expectativa de tener que hacer algún comunicado como respuesta a las posibles agresiones del máximo exponente del fútbol nacional. Pero las balas vuelven a picarle cerca, sin siquiera rozarlo. Hábil como pocos, el vicepresidente del mundo (como así gusta en autodefinirse) respira airoso porque su jugada no lo encuentra derrotado en la cornisa.

El sainete continúa.

El Doctor Carlos Bilardo, otrora entrenador exitoso, hoy devenido en una función camuflada en la figura decorativa de "Director general de Seleccionas nacionales" aprovecha el espacio que se autogestiona para seguir vivo en su propio programa de radio. Y dispara: ataca, contraataca, se defiende con todas las armas que hicieron de él un personaje inescrupuloso, maquiavélico, de alto voltaje, para salir siempre indemne en la peligrosa selva del fútbol, donde nunca nadie lo ve morder ningún anzuelo.

Las acusaciones parecen salpicar a todos. Maradona dice que Grondona le mintió cuando, tras el partido frente a Alemania en la eliminación del último Mundial, le comunicó que quería que siguiera siendo el entrenador. Grondona dice que jamás faltó a su palabra y que sólo precisó la necesidad de hacer algunos cambios en el cuerpo técnico para que todo fuera en pos de una mejora. Maradona dice que Bilardo lo traicionó trabajando a las sombras para eliminar a todos sus ayudantes y Bilardo niega haberlo hecho alguna vez, argumentando que si hay alguien en la vida que se la ha jugado por su integridad, ha sido precisamente él.

Nadie se hace cargo de lo que le corresponde. Nadie asume responsabilidades. Nadie ejerce la autocrítica. Grondona y Bilardo están aliados, como lo estuvieron siempre, salvo hace algunos años, cuando el ex entrenador acusaba al presidente de la AFA de todos los descalabros que había en el fútbol argentino. Ahora, Maradona queda afuera, un poco por propia impericia, otro poco por hablar dé más, y en todos los casos por no saber ocupar el rol que le correspondió. Trata de salvar al mito como puede, sobreviviendo ante el desafío de volver a reinventarse y haciendo excursiones mediáticas a los fines de mantener una investidura que ya no lo coloca en el lugar de un intocable.

En el medio, intereses cruzados y no del todo blanqueados. Que el gobierno nacional - siempre con vistas a perpetuarse en el poder y a cosechar votos partidarios - presionó para que Maradona siguiera siendo el entrenador, que los integrantes del cuerpo técnico hacían negociados en las convocatorias, que cada uno cuidaba su quinta mientras el imperio se caía a pedazos.

La llamada Generación del 86, con el trinomio Grondona-Bilardo-Maradona, terminó de la peor manera. Todos enfrentados, todos buscando sacar alguna mínima ventaja que les permitiera estar mejor posicionados. Todos manchados, indefectiblemente.

Los principales protagonistas de esta historia seguirán escarvando en la tumba de quienes han sabido estar buscando volver a pertenecer de alguna u otra manera. No podrán encontrarse. No mientras sigan sosteniéndose en el dolor de ya no ser. Después del Mundial de Italia 1990, acaso el último parámetro por las que se mide el importante éxito, ya no han hecho nada bien...

lunes, julio 12, 2010

España Campeón del Mundo

Todo un país festeja. En el Primer Mundo, España supo abrirse la puerta que faltaba. Líder de otros deportes con gran repercusión (en tenis, en básquet, en automovilismo), el fútbol ahora goza de su tan anhelada primavera.

Un estilo de juego que, en estos tiempos, opacó al mecanicismo. Una revolución generada desde hace más de dos décadas atrás, cuando Johan Cruyff aterrizó en el Barcelona para darle su impronta a un equipo que marcó una época y diseño las formas de una nueva manera de entender el fútbol: lejos del histórico espíritu combativo de la roja, lejos de la furia, cerca del toque y la triangulación, de la tenencia para hacer de este deporte algo parecido a un arte.

La escuela holandesa impuso su sello. Se formó una gran camada de futbolistas en la escuela barcelonista. Un discípulo de aquella armada fue Pep Guardiola, estratega del actual Barcelona, la delicia que encandila a los ojos de quienes aún tienen paladar negro.

España esperó su momento y ahora lo está aprovechando. El Viejo Aragonés coronó parte de un camino al conducir a la Selección que se consagró en la última Eurocopa. Y Vicente del Bosque, prestigioso conductor al que un gigante como Real Madrid no se lo devoró hace algunos años, tomó el timón para llevarlo a la victoria.

Fue un Mundial en donde no pudo desplegar lo mejor de su fútbol. La caída en el primer partido frente a Suiza sentó el precedente de la alarma. Pero después, fueron todas victorias: pasaron Honduras, Chile, Portugal, Paraguay, Alemania y Holanda. Por diferencias mínimas y sin ser tan contundentes. Con un mediocampo lúcido y apto para la generación, con Xavi e Iniesta como conductores. Con un atacante como Villa, enamorado de la red en el momento justo, y con una defensa, encabezada por Puyol, que contó con el apoyo de un enorme Casillas a la hora de evitar la caída en la propia valla.

Ganó España. Fue el mejor. Lo vaticinó el pulpo Paul. Y será cuestión, entonces, de creer que los proyectos a largo plazo, pensados y ejecutados a conciencia y fundamentelmente con serio compromiso, pueden rendir sus merecidos frutos.

jueves, julio 08, 2010

Los que ganaron

El domingo habrá nuevo campeón: Holanda-España, un choque con promesas de buen fútbol.


El Mundial de Sudáfrica va llegando a su final. Con confirmaciones y algunas dudas; con fútbol bien jugado y más de una frustración entre quienes han quedado en el camino.

Afuera quedaron los equipos que poco y nada aportaron a la causa: caso Italia, caso Francia; las dos selecciones que se disputaron el título hace cuatro años. Afuera, también, otros candidatos com Brasil y Argentina, con un fútbol que gozó de algún que otro buen momento pero que decididamente no pudo despegar ni dar la talla de cara a los verdaderos instantes de definición. Eliminada, además, fue una tímida Inglaterra que sigue sin poder plasmar en las grandes competiciones todo lo bueno que hace a nivel de clubes.

Adentro, entonces, el premio a las formaciones que se pensaron más desde el ensamblado como equipo que desde la mera suma de sus individualidades. Un fútbol de alto vuelo ha desplegado Alemania, en una versión de juego sudamericanizado, con menos vértigo y más circulación; punzante en la definición, pero muy joven e inexperto como para dar el salto que necesita enhebrar cualquier conjunto con aspiraciones de campeón. Sorprendente fue Uruguay, con una garra y un compromiso para vencer las adversidades. El peso de su historia logró equilibrar la balanza a su favor ante una llave que la ha beneficiado; pero así y todo, tuvo que valerse de un irrenunciable espíritu de lucha para estar entre los mejores luego de cuarenta largos años sin acariciar la gloria, con realidades que muchas veces hicieron que faltara a la máxima cita, y con una dirigencia que diezmó todo ese potencial que durante muchos años fue marca registrada. Al parecer, la Celeste asiste a su refundación después de varias décadas.

Entre los equipos que quedaron, a la final van los que lo han merecido. Holanda venció todo tipo de pronósticos, se fortaleció a lo largo del torneo, equilibró sus fuerzas de defensa y de ataque, contó con individualidades que supieron acomplarse al equipo, como Sneijder y Robben, y tras mostrarse sólido y contundente, tendrá la oportunidad de hacer historia al lograr el título que se le negó en 1974 y 1978, cuando llegó contra las selecciones locales de Alemania y Argentina, respectivamente.

España también dirá presente para gritar campeón. Llegó como candidato y más allá de algunos momentos de incertidumbre, sin poder lograr en muchos tramos su fútbol vistoso y bien jugado, con predominancia del toque y la triangulación, logró vencer las circunstanciales adversidades y su generación dorada de futbolistas - encagabezada por grandes valores como Xavi, Iniesta y Villa -, triunfantes de la Eurocopa 2008, tendrá una histórica chance de ratificar aquel logro si conquista, también por primera vez, la Copa del Mundo.

Holanda y España son dos selecciones basadas en el orden y el trabajo. El proyecto a largo plazo dio sus frutos y ninguno de los dos parece sacar una clara ventaja para especular quién tendrá más chances de ser el ganador del Mundial.

Gane quien gane, ambos combinados, de alguna manera, ya han triunfado. Por defender su fútbol, por proponer algo diferente que salga de la media, esto es, de la especulación por aferrarse al exitismo de un resultado a favor a como dé lugar. Holanda y España, en el camino al título, algo dejan para los ojos del espectador. Eso también es una gran conquista, levante quien levante la Copa este domingo.

domingo, julio 04, 2010

Derrumbe

Sufre Argentina desde los primeros minutos: tiro libre al corazón del área, se pierden las marcas y gol de Alemania. El comienzo del fin.

Se sabía que podía pasar. Y pasó. Argentina había mostrado, hasta antes de los cuartos de final, un repertorio que alimentaba la ilusión y que se sostenía en las pinceladas contundentes de un ataque que había podido marcar la diferencia en los primeros cuatro partidos del Mundial.

A primera impresión, podía vislumbrarse que Argentina no tenía una solidez suprema, ni que su bloque defensivo diera garantías. Tenía gol, lo cual le permitía resolver los cotejos desde un dominio reflejado en el marcador pero no en el desarrollo de los cotejos. La posesión del balón no estaba entre sus principales armas, aunque sus rivales de turno, de menor valía por cierto, tampoco lograron ejercer una supremacía decisiva.

El equipo de Maradona, luego de la fase de grupos, había agudizado algunas señales de alerta frente a México, en el choque de los octavos de final. Iba mejor en la ofensiva de lo que retrocedía; y a pesar de que las dificultades en la zona de gestación no le hacían pasar grandes zozobras, siempre y cuando sus delanteros estuvieran acertados, había que ver qué podría llegar a suceder cuando tuviera un rival que lo esperara bien armado atrás, que lo dominara física, psíquica, futbolística y territorialmente, y que tuviera también una zona ofensiva capaz de quebrar el resultado.

Alemania, el rival de cuartos de final, desnudó las carencias de un equipo que nunca había tenido un oponente que anulara todos sus circuitos. Low, el entrenador del equipo germano, supo que Argentina era una formación partida, con un 4-3-3 descompensado (sin laterales naturales, con un zaguero como Demichelis en un bajo nivel; un mediocampo con un único pivote de contención - Mascherano - y con volantes externos que no tenían recuperación; y un ataque que quedaba aislado del resto del equipo). Por eso salió a atacarlo desde el primer minuto, no dejándolo pensar ni respirar, copando la zona media del campo de juego. La presión dio resultado, ya que a los dos minutos del primer tiempo, Alemania quebró el marcador con una jugada de balón detenido, producto de una infracción argentina cercana a las inmediaciones de su área grande, lo cual denunció las dificultades de una alineación que nunca se había preparado para el retroceso, los relevos y la paciencia de aguantar las embestidas porque no tenía futbolistas para ello.

El primer tiempo se convirtió en un partido de ida y vuelta. Con arrebatos desesperados de Argentina y con una calma en Alemania que sabía pararse bien de contra.

En el segundo tiempo siguió insinuando Argentina, con más orgullo que fútbol, frente a un equipo que durante los primeros quince minutos del complemento no logró hacerse dueño del balón.

Luego, sí. Los minutos pasaron y Argentina no supo resolver las situaciones que tuvo a su favor como tampoco crearse espacios para desnivelar. Alejados del área grande de Alemania, poco y nada pudieron hacer Tevez e Higuaín. Ausente también estuvo Messi, arrancando desde muy atrás, indudablemente desaprovechado, cuando es evidente que su juego cobra relevancia en los últimos treinta metros y no a partir de lo que pueda generar iniciando las jugadas en el círculo central.

Cada ataque irresoluto de Argentina derivó en una temible arremetida germana. Golpe por golpe y otros tres goles. Derrota contundente. Un 4-0 que no refleja lo que fue el desarrollo del juego, pero que puso de manifiesto la miopía táctica del combinado nacional, que no supo ver ni prever las circunstancias futbolísticas que podían presentársele.

Cuesta entender la falta de reacción de Maradona para darse cuenta lo que estaba sucediendo y su equívoca intuición para tomar decisiones rápidas que pudieran generar alguna respuesta esperada. En marzo de este año, ante el mismo rival, Argentina ganó 1-0 de manera ajustada, es cierto; y más allá de que se trataba de un amistoso, allí se fue consolidando una idea que jamás fue ejecutada, aun la seguridad del entrenador de que, en definitiva, esa tarde había encontrado al once titular.

Aquella vez, Argentina se paró con un cerrado 4-4-2, con Verón al lado de Mascherano, Gutiérrez y Di María por los costados; y arriba Messi junto a Higuaín. Este partido, al parecer, ameritaba sacrificar a Carlos Tevez, al margen de sus dos goles frente a México. Se debía apostar por un mediocampo fuerte, con alguien como la Bruja, acostumbrado a administrar el balón y hacerlo circular; evitando, así, un fútbol más vertical y descompensado.

No pudo ser. Una vez más, Argentina no llega a las semifinales de un Mundial. Van veinte años de que no logra llegar a la última semana del certamen; y veinticuatro que no puede levantar la Copa.

Ahora será el momento de los replanteos, las autocríticas y el necesario plan para ver qué rumbo tomar de cara a lo que viene. Porque con la improvisación, no se llega a ningún lado. Quedó demostrado de nuevo, esta vez, en la trunca cita de Sudáfrica.